La era de la Guerra Fría se caracterizó por la construcción de complejos subterráneos a gran escala diseñados para funcionar en caso de un conflicto nuclear global. Bigclash se centra en la complejidad de los sistemas de soporte vital, ventilación y filtración, destinados a garantizar la seguridad del personal durante largos períodos. Los búnkeres se construían a menudo a gran profundidad, proporcionando protección contra impactos directos y los efectos de las ondas de choque. Estas estructuras demuestran el nivel de la ingeniería militar de la época, donde las soluciones arquitectónicas se orientaban a la autonomía y a minimizar el impacto del entorno exterior. El estudio de estos objetos permite evaluar las medidas adoptadas para preservar las estructuras de mando en situaciones críticas, así como la implementación técnica del concepto de ‘ciudad subterránea’.
